la angustia que esconde su mirada

Nos vimos no hace mucho. Guapísima como siempre. Risueña como nunca. El dolor circula por el interior de su cuerpo, oculto bajo la fachada de una profesional con experiencia. Sus clientes no deben descubrir la angustia que esconde su mirada.

esa imperturbable sonrisa(06/06/2007)

“¿Qué tal?” Pregunta de cortesía para saber cómo va todo. De repente aparece la realidad que a otros esconde. No todo funciona como debería. Triste. Siempre pensando que las enfermedades permanecen en la acera contraria, siempre creyendo que nada de aquello le puede ocurrir a los que más quieres. Pero llega. Sucede.

Siete horas más tarde nos despedimos. Ella mantiene esa imperturbable sonrisa que hoy sólo ha roto conmigo. Espero que la medicina avance más rápido que la enfermedad. Tal vez algunos sufriéramos una orfandad prematura, pero eran otros tiempos, confiemos en el final feliz de una historia muy triste.

¿Sabes una cosa? Nunca olvidaré tu sonrisa, sé que siempre estará allí cuando nuestros caminos se crucen.

último vagón

Domingo víspera de Pascua Granada o segunda Pascua. En Venus 3 somos cuatro. Me aburro. Y el aburrimiento pesa, cansa, se acumula al desgaste de una semana laboral que se alarga más de lo normal y lucho para ganarle la batalla a Morfeo. Cojo el móvil, salgo a la calle, busco cobertura y releo alguna de mis primeras entradas.

despertando (06/01/2007)
La conexión wifi te deja en la cuneta a última hora de la noche, justo en aquel momento de reflexión nocturna sobre lo que eres, lo que realmente deberías ser, o sencillamente lo que quieres ser.

Hoy no hay música. Tampoco hay dinero en el banco. Paradójicamente la vida de estudiante era mucho más rentable para ti que cualquier otra. Limosna gubernamental y trabajo estival, la fórmula perfecta para recaudar. La poca vida social inherente a estos últimos años de tu vida hacían el resto.

Al niño se le ha despertado ahora, lejos de las aulas, ese afán por descubrir personas distintas, lugares diferentes y sensaciones… Cuando nos faltó confianza perdimos un tren, después otro, y otro… Y ahora, ahora que la confianza vuelve por el mismo camino por el que se esfumó hace tanto tiempo, queremos agarrarnos al final de aquel vagón, a aquella última oportunidad que dejamos escapar.

Meses después llegó el Falstaff, después la vida de urbanita…, desperté y me agarré con fuerza al último vagón.

niebla matinal

oscurecen las palabras (21/11/2006)

Oscurecía cada vez más sobre aquella fría mañana de invierno. Los árboles intentaban esconder su desnudez detrás de los perennes bancos de niebla. Todo parecía detenerse. Por un momento, todo parecía detenerse.

Las palabras también oscurecen. Lo hacen víctimas del miedo. Pánico a tomar las decisiones que debiste tomar hace tanto tiempo. Anclando en el mismo puerto observas cómo el tiempo pasa. Como si fuera él quien tuviera que sacarte de este pozo, como si el reloj se detuviera por un instante, te echara una mano y todo volviera a la normalidad. ¡Despierta! Aunque puede que sea demasiado tarde.

Al final no lo fue. Dos años y medio más tarde… aquí estoy, alejado del pozo e inmerso en una normalidad vital que tanto anhelé posser.

Hace una semana, mientras importaba a ‘Se busca título con experiencia’ el casi centenar de entradas de mi antigua casa me gustó releer ésta. No recuerdo el instante en concreto, demasiado tiempo desde aquellas letras, pero sí puedo rememorar el momento vital de entonces. La niebla matinal aparecía a diario tras aquel inmenso ventanal que alimentaba de luz natural a aquel piso de estudiantes… Acabo de ponerme a pensar en las mil y una historias que se escribieron ahí, desde los inicios de un tímido universitario hasta el final repentino, pero esperado, pasando por la decrepitud del licenciado sin rumbo.

si no hubiera sido por ella

Las que siguen son las letras que junté tras mi segunda visita al Falstaff, hace dos años, cuando no sabía que, meses más tarde, iba a terminar ahí metido. Tras releerlas después de tanto tiempo sólo puedo esbozar una sonrisa recordando al ingenuo que las escribió.

despedirse (13/03/2007)

Salgo corriendo de un local abarrotado de gente que no ha tenido mejor idea para un viernes noche que gastarse seis euros en un combinado de ron con cola. ¡Seis euros! Hay borracheras muy caras. Llevo caminando no más de cincuenta metros, voy sereno porque soy hombre de extremos y esta noche ha tocado abstinencia. La última vez que visité el lado oscuro de la embriaguez llegué a casa de milagro. De repente, retomo el camino olvidado y tomo aire antes de volver a entrar. A lo lejos, tú. Cómo he sido tan estúpido para querer marcharme de allí dejándome lo único que salvaría de este negocio de alcohol y música.

Días más tarde volví a escribirle… Volví a escribirle porque sus lágrimas me desgarraron el corazón. Me sentí estúpido a su lado. Sin saber qué hacer… (Estaba pensando que no conocería a la mayoría de las personas que se pasan por aquí si no hubiera sido por ella.)

El tiempo y la distancia nos han separado con la misma rapidez con la que nos juntó el contacto diario. Ahora sólo queda el recuerdo, el recuerdo y las palabras escritas.

volver a abrazarte (28/03/2007)

Ni ahora sé muy qué quiero escribir, ni antes sabía qué debía decir. No quiero construir metáforas, no quiero pintar un cuadro abstracto que se defina como un intento de describir la realidad. no. No quiero. No quiero utilizar las palabras para esconder. No.

Vivir sin vivir no me ha enseñado como actuar en estas situaciones. En realidad, no me ha enseñado a actuar ni en los buenos, ni los malos momentos. Deseo tanto que vuelvas a sonreír como antes, deseo tanto que nos podamos volver a ver para compartir una cotidianidad que nunca había tenido y que he descubierto contigo. Deseo tanto volverte a abrazar.