RE-SER, Santi López-Villa

20:10. Librería Excellence. Barcelona.

Bajo a la planta -1 pensando que al final todo ha sido un fracaso, “seremos cuatro gatos” he creído escuchar de la boca del mismo que, semanas antes, había afirmado que hoy pasaríamos del centenar. Se equivoca ahora, porque no se equivocó entonces. Antes de comenzar, las cien sillas de la alargada sala están ocupadas. Poco minutos después, ya no quedan sitios libres para, de pie, tener una mínima visibilidad del acto.

Al final, cuando todo termina, me pongo a pensar… Las 177 personas que han acompañado al autor en este parto literario no lo hacen por simple amistad, sino porque le aprecian de verdad, el aprecio que se necesita para coger un tren a primera hora de la noche anterior o para hacer más de cuatro horas de coche. Personalmente, el día que publique un libro (siendo hipotéticamente hipotético) organizaré todo el cotarro en mi baño, por eso de llenar el aforo con la gente que me aprecia.

He aquí el resultado de la generosidad. Ahora entiendo porqué puede, con toda naturalidad, tachar de ‘locos’ a los ricos que sólo respiran cuando se enriquecen. Él tiene todo lo que se necesita para ser feliz (y el dinero no está en la lista); y lo tiene porque lo da todo por los demás.

Terminamos en un céntrico club de jazz. Mi Four Roses (con cola), para no perder la costumbre, descansa sobre la mesa junto a una coca-cola, bebida favorita del autor, un zumos de piña, otro de melocotón, y una cerveza pedida a regañadientes.

Me olvidaba. Santi, tenías razón, era tan bella como la describiste. Joven e intocablemente bella.

oportunidad

Las apuestas a largo plazo tienen estas cosas. Cuando veía todo mi esfuerzo tirado en balde aparece un resquicio de esperanza y entonces… Entonces me toca demostrar que soy el mejor para el puesto. Que después de un “nos gustas pero desconfiamos de algunas de tus referencias”; “nos gustas pero ahora la empresa ha decido que no cabe nadie más”; un “rechazo” y un “en proceso” en infojobs.net; y un “no saben no contestan” en trabajar.com…. Llega una oportunidad que puede echar por tierra mis jornadas maratonianas de holgazanería. Y eso me encanta. Me encanta porque aunque no lo reconozca me asquea la vida que llevo y ya vendría siendo hora de cambiar las cosas.

cuchicheos

15:15. 3º ESO C. La profesora de geografía ha llegado hace más de veinte minutos. Termina la explicación del ejercicio de hoy y ellas continúan allí. En primera fila. Absortas. No tienen ni el pragmatismo de atender lo mínimo, aparentar que escuchan para poder alcanzar los objetivos marcados y no convertirse en las niñas tontas que nunca saben hacer nada. Están a lo suyo y lo suyo está lleno de clowns musculosos que viven de falsos combates. El ‘Pressing Catch’ que inunda sus carpetas parece ser lo único importante para ellas en esta tarde de otoño invernal.

Doble crimen. No atender a las clases y hacerlo desde la primera fila. A dos palmos de la cara de la profesora que sólo puede silenciar sus cuchicheos con alguna mirada amenazante. No es un caso de aburrimiento comunitario, donde el enseñante duerme a la parroquia con un tono de voz más propio de Morfeo. Es una evasión premeditada. Huir de la clase estando en ella. Sin molestar a nadie, es cierto. Tan solo dos víctimas, ellas y su futuro. A corto plazo suspenderán el ejercicio; a largo plazo estarán en esta misma clase dentro de doce meses.

niñatos en el tren

Que el tipejo ese, sentado justo al otro lado del vagón, se meta de mierda hasta las cejas no me quita el sueño. El problema es que tenga la osadía de fumarse un cigarro de camino al centro de la ciudad. Es entonces cuando sacaría el revolver escondido en el tobillo izquierdo y le haría jugar a la ruleta rusa. Él mismo colocaría la bala y le daría una vuelta al tambor. Tengo la sensación de que dejaría de fumar de por vida. Es una de las ventajas de los muertos. No tienen vicios. No obstante, estoy pensando que sería mejor dejar caer una granada de mano. Terminaríamos así con el niñato maleducado, la quinceañera que le sigue el rollo y la otra que pone la música a todo trapo a través de un móvil pagado por sus papás.

En cualquier caso, ¿de quién es la culpa, de los FGC por no vigilar sus vagones y no reventar a ostias a estos niñatos irracionales; o de los padres que no hacen caso a un juez muy sabio?