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Óliver Miranda

Periodista & Community Manager

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esperpéntico triunfador


En un mundo de obreros rasos, él rumió durante algún tiempo la manera de optimizar el trabajo rutinario de cada jornada y presentó una propuesta a sus superiores. Ahora, tres años más tarde, y en la mayor empresa de su sector, dirige un equipo de 200 personas y alcanza los 60.000 netos anuales. Me contaron su historia no hace mucho, la historia de un tipo con una ESO sacada a regañadientes, su madre podía tragar con eso de que el hijo no siguiera el camino universitario de sus hermanos, pero no terminar la secundaria era un drama por el que no iba pasar, decía, un tipo con una educación formal mínima, pero con una capacidad de autoaprendizaje muy superior a la mayoría de sus compañeros de perrerías.

Sin embargo los éxitos profesionales han sido inversamente proporcionales a los personales. Con tanta pasta en el bolsillo sólo supo malgastarlo creándose una figura de esperpéntico triunfador. Para conseguirlo no tuvo más que quedarse en su barrio de siempre, comprarse un par de pisos, montarse un dúplex y equiparlo con la más alta tecnología. Y como el que cambia de equipo de música cada dos años porque siempre quiere estar a la última, también pareció cansarse de su pareja de toda la vida. Así que la envió a la mierda y se puso a buscar un recambio con el que compartir su catre de dos por dos.

Ahora, apenas unos meses después, dicen que la echa de menos, que el dinero le ha dado todo lo que nunca tuvo y le ha quitado aquello que siempre pensó podría conservar.

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