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"nos deberíamos dar algo de tiempo"

Volvió del trabajo sobre las seis de la tarde, como siempre. Ella había llegado algo antes, como siempre. Todo aquel lunes parecía un lunes como siempre. Sin embargo, algo parecía haber cambiado, algo difería de aquella normalidad. Su cara. La de ella. Decía algo así como “pregúntame qué me pasa”. Y como llevaban el tiempo suficiente para comprender con facilidad ese lenguaje no verbal, él no dudó un instante en lanzarle la pregunta.

Ella se sentó en la butaca sujetando su habitual té de menta en la mano derecha, mientras él, de pie, esperaba su respuesta. “Siéntate, por favor”, le sugirió ella.

Cinco minutos más tarde aquella relación, la que les había mantenido unidos los últimos cuatro años era historia, ya formaba parte del pasado. Su pragmatismo, el mismo que le había llevado a tomar esa decisión, resumió todos sus sentimientos en un cóctel de buenas palabras, de letras de cariño… de despedida. Sólo un problema. Su elección definitiva e irrevocable buscó una fórmula manida y poco convincente. “Nos deberíamos dar algo de tiempo”. Él, que había escuchado en silencio todo su discurso, supo entonces que ese “tiempo” era el que literalmente necesitaba para buscar un nuevo catre en el que dormir, el tiempo que necesitaba para encontrar una habitación en la que comenzar una nueva vida, el tiempo que necesitaba para recoger las cosas, devolverle las llaves y darle un último abrazo.

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