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ahora son los de aquí los que piden dinero a los de allá

18:30. Barcelona. Un locutorio cualquiera en una calle cualquiera.

Ahora son los de aquí los que piden dinero a los de allá. Escribe el mensaje corrigiendo una y otra vez sus palabras, intentado convencerle para que le pase la pasta que necesita para el alquiler. ¡Quién se lo iba a decir cuando hace unos meses era ella la que enviaba divisas a su familia!

Termina el mensaje mentando al “Señor”, al tiempo que busca el corazón del remitente añadiendo un último apunte, habla de “daño irremediable”.

Ahora lanza otra mensaje. Otra opción. Un conocido. Busca conseguir esos 350 euros como sea. Esta vez ha empezado con un “¿Cómo estás?” para continuar con un “Perdona que te escriba para pedirte un favor…” Anota el número de cuenta mientras mira de reojo el tiempo que le queda de conexión. Tres minutos y bajando. Torpe frente al teclado vuelve una y otra vez sobre sus letras. Quiere terminar con un “Si no puedes no me enfado” pero corrige lo escrito, sabiamente, modificando la fórmula y creando un “Ya es bastante que seas mi amigo y te pueda contar mis problemas”. ¡Olé!

Le queda un minuto y se marcha veloz a mirar el horóscopo, quién sabe, puede que le diga donde encontrar el dinero que necesita…

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