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agarrado por la oreja

Estación de metro de Poblenou. Valido mi billete al tiempo que un joven utiliza sus manos para franquear el torno saltando por encima. “¡Ei!”, le reprende un anciano con el que bajo las escaleras que dan acceso a las vías. El joven se acerca amenazador, pero antes de que las palabras encuentren un hueco por el que salir de su boca lo hacen sus dientes.

Aparenta setenta y cinco, puede que los tengas, pero ese puñetazo parece firmado por un joven púgil en plena forma. Sube las escaleras en busca del cuerpo del joven que se ha dejado medio litro de sangre en el suelo. Lo recoge y lo lleva, agarrado por la oreja, hasta la máquina expendedora de billetes. Se escuchan unos tímidos aplausos que no tardan en convertirse en una sonora ovación. De repente… despierto, sonrío y salgo de la cama. Llego tarde a la oficina.

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