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Óliver Miranda

Periodista & Community Manager

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a 50 euros al mes nada parecía caro


Eran las nueve menos cuarto de la noche. Solían cenar pronto porque por aquel entonces su mujer trabajaba en el turno de noche. Juan, en cambio, acostumbraba a firmar jornadas diurnas de diez y doce horas. Vivían bien, sin pretensión alguna más allá de ser felices, y para lograrlo no necesitaban demasiado. Ella colocó el segundo plato encima de la mesa en el mismo instante en el que sonó el timbre de la puerta.

Siempre había sido el fanfarrón del barrio, el que se jactaba de sus vacaciones anuales a países exóticos, el primero que se burlaba de Juan cuando éste le explicaba que debía trabajar sábados y domingos para salir adelante. “Eres tonto”, le había dicho tantas veces mientras le contaba que no había mes en el que en una mañana no se sacara una cocina de tres quilos cuando sólo había ido a arreglar una fuga de agua. Tiempos de bonanza económica, tiempos de ‘financiación al 100%’, tiempos en los que a 50 euros al mes nada parecía caro, nada.

– Buenas noches, Juan
– Buenas noches

No osó mirarle a los ojos y a su cortés saludo le siguió una petición.

– ¿Podrías darme diez euros de gasoil?, el niño quiere ducharse…
– No te preocupes -le interrumpió Juan que cinco minutos más tarde cerraba la puerta tras calentar el agua de su vecino sin aceptar el dinero que éste le ofrecía.

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