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Casi un año después de prometerme que esta vez sí iba a conseguirlo y con más de siete años de retraso, según los tiempos en los que mi entorno cumplió con esta ‘obligación social’, alcanzo un objetivo que no debía de haber aplazado tanto tiempo. Quizá no sepa manejar del todo ‘aquellos trastos con motor y cuatro ruedas’, pero ya tengo ‘licencia para matar’.

Dos agradecimientos. A ella por empujarme a coger los libros de una vez por todas y a él por defender lo indefendible y convertir un suspenso innegociable, en un apto por el que nadie hubiera apostado.

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