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guardar las apariencias

Me pide el teléfono buscando la ayuda que no me ofreció cuando tiempo atrás me pegó una patada el culo. ¿Rencoroso? ¡Dios sabe lo rencoroso que he sido con él! No lo he perdonado nunca… y espero no tener que hacerlo jamás. Han pasado muchos años desde aquello, pero al verlo continúa intacto ese sentimiento de asco. En cualquier caso, nunca suelo demostrar esa repugnancia ante su presencia… el tiempo me ha enseñado a guardar las apariencias, a reír las gracias ajenas.

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