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pantomima

Con el ruido de los flashes comienza la peor pantomima que he visto en mi vida. Lo sé, sé que es algo habitual pero no acostumbro a moverme por estos rosas y pomposos mundos. Primero aparece ella. Embutida en un ceñido vestido confeccionado en el siglo XXI, con patrones del XVIII, responde las escasas tres cuestiones que le formulan. Se marcha.

Entonces, él. Está de vuelta de todo. Cuando le preguntan por qué ha venido no hace el mínimo esfuerzo en inventarse algún bonito juego de palabras que agradezca lo que le han pagado por estar ahí. Algo así como: “Es un lugar maravilloso, recomendable, bla, bla, bla..”. “Dinero”, responde escueto y sincero.

¡Ah! La traducción es pésima y uno se pregunta porque se habrán gastado tanto en unas cosas y tan poco en otras (acabo de leer el artículo de un famoso periodista y…  ¡ha citado las palabras del protagonista basándose en la versión de la traductora! Pa’ echarse a llorar).

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