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profesional con 35 años de experiencia

Cuando el miércoles por la tarde entré en la autoescuela, respondí al: “¿Qué tal?”, con un simple y sincero “Mal”. Mi vena de actor me confiere la posibilidad de interpretar distintos papeles según las circunstancias, sin embargo, no podía, ni quería, mentir. Ya lo dije, no iba a soportarlo un día más. El cambio fue instantáneo.

Ayer a primera hora se sentó a mi derecha el profesor que me habían recomendado. Un profesional con 35 años de experiencia y nombre de colonizador, que mutó mis lagrimosos ojos del miércoles por una amplia y feliz sonrisa al sentir que estaba aprendiendo. Antes de encender el motor confirmé que aquel era uno de los mejores, su lista de alumnos triplicaba la del anterior.

Me gustó su primera clase, la segunda y estoy seguro que seguirá sorprendiéndome a diario. Sabe lo que tiene que decir y cómo decirlo. ¡Ah! No dudó en criticar la actitud del ‘otro’ por enviarme a la guerra antes de saber empuñar un arma. Yo no volveré a criticarlo, sólo quiero olvidarlo para siempre.

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