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Óliver Miranda

Periodista & Community Manager

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cambios de rumbo


A los catorce comencé a escribir breves crónicas deportivas. Lo hacía a mano en una pequeña libreta cuadriculada. Siempre el mismo discurso porque mi capacidad inventiva era reducida y porque el equipo se empeñó toda la temporada en conseguir el mismo resultado, la victoria. En tres años, las cinco diez líneas de los inicios se convirtieron en 90 ó 100. Firmaba mis crónicas, y lo hacía no en uno, ni en dos, ni en tres, sino en seis diarios provinciales y autonómicos.

En esta última década, he escrito decenas de miles de letras, he compuesto miles de palabras, he creado centenares de frases, decenas de párrafos… En está última década he tenido buenos y malos momentos, pero siempre recordaré los mejores. Recordaré el correo electrónico que leí desde Liverpool (agosto de 2002). Me despedía de Tercera y desde la redacción de uno de los periódicos más antiguos del país lamentaban mi marcha, una marcha obligada por el descenso del equipo. Tenía entonces dieciocho años. Recordaré algunas de mis crónicas, las mejores (según mi propio criterio), las más largas, las que abrían la sección de la categoría…

Sin embargo, como escribió Ana no hace mucho, “es legítimo dar cambios de rumbo…” Lo es, además, cuando esa decisión se adapta a una realidad muy distinta a la de hace diez años; lo es cuando no merece la pena invertir horas de autobús, tren, coche… para escribir unas pocas líneas; lo es, cuando ahora la urbe me ofrece mucho más de lo que me daba apenas hace un año. Nunca negaré que el mundo rural tiene algo especial, que soy feliz por haber pasado allí mis primeros dieciocho años, pero no, no es justo condenar el nacimiento de una nueva vida por seguir la inercia de estos últimos tiempos. Esto es, se acabaron los sábados non-stop y se acabaron algunos domingos perdidos en los asientos de un autobús.

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