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un aviso que anuncia una demora

Quedar a las 18:22, es quedar a las 18:22, no a las 18:35, ni mucho menos a las 19:03. A la falta de educación de un retraso se une la de no avisar sobre la nueva hora de llegada. Personalmente acostumbro a enviar un mensaje ante cualquier dilación, aunque ésta no alcance los diez minutos y aunque sepa que el receptor de la escueta misiva ya esté de camino al punto de reunión. Siempre me ha reconfortado un aviso que anuncia una demora.

Acabo de recordar que hace algún tiempo una conocida soltó una frase que no he podido olvidar ni entender desde entonces. Discutiendo sobre cuál ha de ser el mal llamado ‘retraso de cortesía’, tomó la palabra y afirmó con una naturalidad pasmosa: “El que la otra persona necesita, el tiempo de mis amigos es también mi tiempo”. Callé mientras pensaba: “’¡Y una mierda!” No hemos vuelto a hablar sobre ello, ni creo que lo hagamos nunca. ¡Quién sabe a qué hora se presentaría si quedamos a las 18:22!

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