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Óliver Miranda

Periodista & Community Manager

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pueriles palabras


Es una de las mujeres sobre las que más he escrito. Justo ahora hace un año le dedique mis primeras letras. Llegué a casa algo encendido y ya saben mis más fieles seguidores que cuando me caliento suelo escribir con cierta gracia. Aquella entrada duró tres o cuatro semanas en la Red (aunque los más geeks todavía pueden encontrarla rebuscando en su lector de feeds). La borré temeroso de que mis nuevas amistades la pudieran leer. Ella, me consta, casi nunca me leyó.

Con el tiempo nuestra relación se fue estrechando y me sentí muy cómodo a su lado. Durante los meses siguientes escribí pensando en ella algunas de mis mejores entradas. La había colocado entre mi escueta lista de musas literarias.

Anoche, mientras pensaba que llevaba demasiado tiempo sin verla, me pareció escuchar su murmullo desde lejos, enrabietadas y pueriles palabras que no merecen respuesta. Sólo mi tristeza. Estoy triste, triste al conocer una reacción que no esperaba.

Mi subconsciente (que llevaba tiempo sin decir nada) me ha escrito un mail esta mañana. Corto y pego.

Ya ves Óliver, cuando dejaste de ser un tipo cruel y desequilibrado evitaste las lágrimas ajenas, pero entonces aparecieron las pataletas más propias de una mimada niña que cuando no sabe pintar sin salirse de los bordes obliga a su papá a terminar el trabajo, decía, una reacción más propia de esa niña que de esa mujer a la que llegaste a admirar.

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