profesionalidad y puterío

Decenas de adolescentes sobrehormonados llevan dando vueltas por aquí desde el lunes. Parecen tener únicamente dos objetivos. No perderse detalle de las sugerentes figuras de las azafatas y conseguir cualquier cosa para llenar su ‘bolsa de recuerdos’. Sin embargo, las ferias ya no son lo que eran.

Hace dos años esto era una mezcla de profesionalidad y puterío. En abril de 2009, con miles de parados en sus casas (o en la calle), ya no queda nada de aquel ambiente festivo, nada queda de aquella burbuja que parecía no tener fin. ¡Qué narices! Todos sabían que terminaría explotando, pero no había tiempo para lamentaciones, era el momento de rascar los últimos contratos y huir antes de la fallida del sistema. Así pues, ahora la mayoría de los stands sólo reparten humildes bolígrafos, sombras de aquellas fastuosos presentes de antaño.

Son las tres de la tarde. Cierro los ojos durante unos segundos. Los suficientes para saborear un blanco de reserva y sonreír al hacer un resumen mental de esta semana. Una semana que comenzó con un bocadillo de lomo en una mesa de plástico y que termina con una lubina con risotto de azafrán y emulsión de coral de gambas en la sala VIP del ‘chiringuito’ que se montó hace algún tiempo un discípulo de Adrià.

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