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una ganga

Salgo de la oficina. Viento. Lluvia. Mi paraguas está en casa. ¿…? “Vayamos a un bazar chino, compremos alguna cosilla barata y salvemos la estupidez del día sin mojarnos demasiado”, me  susurra al oído mi consciencia. 2,5 euros. Una ganga. Una ganga que se convierte en un chiste cincuenta metros más tarde. El paraguas, roto, descansa en la primera papelera que he visto de camino al metro.

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