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"cabrón"

Que disfrute ahora de una vida que quizá tuve que empezar a fabricar muchos antes o que la autoconfianza conseguida desde hace algunos meses me abra ahora las puertas que antes parecían demasiado altas para franquear, no me da derecho a jugar con los demás.

El “cabrón” le sale del alma. Un niñato acaba de marcarse un farol. Un estúpido farol. No. No puedo jugar así con la gente porque incumplo mis propias reglas. Siempre he afirmado que pienso en los demás antes de actuar, imaginando cómo sería una misma situación si yo estuviera en el otro lado. Sin embargo, los años que me regala mi heredada y cerrada barba paternal, me los quita un comportamiento pueril propio de un niñato que no sabe escoger, que lo quiere todo porque antes no tuvo nada.

Supongo, o espero, que estas estupideces me enseñen a no querer estar en todas las mesas, a no ser víctima de una ludopatía incipiente tras descubrir el juego. No es recomendable tener a la avaricia en el primer cajón de la mesilla. Al final, la banca terminan llevándose toda la pasta.

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