un año después de los quince

Un año después de los quince la sigo mirando imaginándome a la mujer que esconde su cuerpo de adolescente. Mientras preparamos un guión que consiga repetir el éxito de la primera vez, me habla de su vida. La escucho atentamente. Sabe tan bien como yo que las niñas de su edad no tienen esa madurez en cada una de las palabras que pronuncia, en la seguridad con la que hace las cosas… No puedo negar que me fascine, que a esa edad desearía haber tenido a alguien así a mi lado, alguien que me hubiera ayudado a ser algo más sincero conmigo mismo y con los demás, a ser algo más feliz.

Todo termina pasada la medianoche. Esta vez la despedida es menos improvisada, un par de besos antes de tomar el camino a casa y un “Hablamos”. “¿Hablamos?”, me pregunto ahora mientras continúo recordando sus ojos. No volveré a verla hasta dentro de un año y nuestra próxima conversación la tendremos  justo una semana antes de cumplir esos doce meses. En cualquier caso, sé que seguiré teniéndola como ejemplo, pensando en ella para creer que todavía quedan adolescentes que luchan por conseguir lo que se proponen.

Antes de acostarme me pongo a pensar en un humilde granjero y en su efímero paso por el circo televisivo. Estos meses delante de las cámaras le han servido para descubrir que el invento no sólo fue el continente, el contenido también es una invención creada por guionistas domados por una audiencia hambrienta de carnaza a todas horas.

2 comentarios sobre “un año después de los quince”

  1. Ui! Però si el “granjero” aquest és parent llunyà de la meva mare! Massa bon noi per aquell programa.. o aquelles bruixes…
    Potser ens veiem divendres

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *