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aquella atractiva soñadora

Mantenía intacta su incredulidad varias horas después de la fiesta. Había vuelto a topar con algunas caras conocidas casi quince años después de licenciarse. Y entre ellas…

Echado en la cama no podía cerrar los ojos porque la veía allí, feliz, en una mesa de la cafetería de la facultad, con sus inseparables pitillos, sus libros de quién sabe qué siglo y sonriendo a todo el mundo. “Ya se lo encontrará”, había pensado mientras volvía a retomar los apuntes de la última clase de Derecho Mercantil III. Siempre creyó que a ella le tocaría sobrevivir en algún despacho de medio pelo. Siempre creyó que a él, el mazo le terminaría llegando a base de horas de estudio. Y así lo veían los demás. En los ojos de sus compañeros de promoción era el crack, un número uno repelente al que no le importaba lo que pensaran de su actitud, sino lo que creían sobre sus aptitudes.

Se incorporó recostándose en la cabecera de su cama y se miró en el espejo de la cómoda. ¿Cómo había podido suceder? Si los demás creían en su exitoso futuro cómo no lo había conseguido. Y cómo ella, aquella atractiva soñadora que siempre le pareció una futura fracasada, estaba subida en la cima. No podía creerlo. Cómo ella había llegado tan lejos, cómo…

Lloró de rabia, de envidia… y sus lágrimas le apagaron los ojos y se quedó dormido.

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