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saber demasiado

Saber demasiado. Hablan de la felicidad de los ignorantes,… algo así como la ingenuidad de los niños,… pero en este caso la reflexión no versa sobre la carencia de conocimientos sino sobre su abundancia.

Hace unos días estuve hablando con un viejo conocido, aquel amigo que siempre citamos cuando no queremos implicarnos en la historia. Me habló de sus silencios cuando detrás de algún comentario, de alguna sonrisa, o incluso de alguna carcajada, él puede ver más allá gracias a su ‘saber demasiado’. Entonces calla. Calla y esboza una irónica sonrisa mientras piensa: “Quién pudiera ser niño, ignorante y feliz”.

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