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¡ave avant!

Decidido. Me despertaré diez minutos antes y pagaré 400 pesetas* más (*me he puesto melancólico). Lo haré para olvidarme de un AVE dominguero con dirección a Vigo que en días como hoy me hace añorar todavía con más fuerza mis tranquilos y solitarios viajes en Avant. De este modo dejaré además de comprar el billete con un par de meses de antelación y evitaré comérmelo algún que otro domingo cuando hay cambio de planes. Lo haré mientras mi edad me lo permita o tenga el carnet joven en vigor (hace unas horas, en la noche falstaffiana, he conocido a una treintañera que viaje con tarifa joven y tiene intención de hacerlo hasta que le caduque el ‘plástico’, en 2011)

Lo sé, sé que si a mi lado no tuviera a la típica pasajera insoportable, comedora compulsiva, con cuatro bolsas encima y una educación prehistoria,… si tuviera la certeza de que a partir de ahora mis acompañantes iban a ser interesantes seres por descubrir, no tardaría en comprarme la Tarjeta Club y me olvidaría rápidamente de la comodidad de los ‘regionales’ trenes de alta velocidad. Pero también sé qué significa la utopía y la ley de la probabilidad, así que lo dicho. ¡Ave Avant!

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