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Óliver Miranda

Periodista & Community Manager

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señales


Las señales de un par de encuentros me condujeron a sus labios… poco después la misma capacidad para interpretar sus gestos condenaron el inicio de una historia. Era una noche entre semana en la que las cervezas corrían a sus anchas por el frío entresuelo de un local inundado de libros viejos. Días más tarde recibí un mensaje: “Hoy no puedo quedar. Hablamos”. “Ok”, respondí cortésmente. Sabía que era el final.

¿Demasiado pronto? ¿Pronto? Quizá todo debía haber acabado aquella noche, en aquel primer beso. Pero la magia del momento pidió una oportunidad para saber qué más podía ocurrir. Así que concedido el chance, llegó la madrugada de las cervezas frías y la literatura de atrezo, y sentí que no tenía la misma confianza que sí había existido tras otros primeros besos. No estaba siendo sincero… y ella sí lo fue. Rememoro ahora su serenidad al recordarme que las historias, después de la pasión, requieren de otros ingredientes para seguir escribiendo capítulos. Mi alargado silencio me delató. No creía en aquella historia, no creía en que a aquella noche le iba a seguir una mañana, una tarde,… Era el final, el final de una historia que nunca llegó a comenzar.

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