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Óliver Miranda

Periodista & Community Manager

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saboreando historias


Mentiría. Mentiría si ahora me autodefiniera como una lector enfermizo, no lo soy, nunca lo he sido. Es extraño, siempre fui el primero de la clase en aquellas pruebas semanales de lectura en voz alta que hacía de pequeño y la comprensión lectora tampoco se me daba mal. Y ya de muy joven comencé a juntar palabras con cierta gracia, pero los libros… las lecturas obligatorias eran lo único que leía durante todo el año, y así fue desde el colegio hasta la universidad. En todo este tiempo, fuera de mis deberes académicos, no habrán pasado por mis manos más de una docena de libros.

Hace algunas semanas recibí un mail muy especial. Una conocida falstaffiana me escribía para hacerme varias recomendaciones literarias. Tenía dos opciones, la acción o la omisión. ¿Dejar pasar la oportunidad de leer lo que alguien me sugería después de haber leído algo de mis letras? De ninguna manera. Aquel mismo día, al volver del trabajo, pasé por la biblioteca del barrio. “Lo bello y lo triste”, de Yasunari Kawabata. Hoy he terminado de leerlo. Lo sé, los tiempo todavía son lentos, es la falta de costumbre, pero ya comienzo a disfrutar pasando páginas, saboreando historias

Ahora le toca el turno a Pilar. Nos conocimos en primavera y entonces me recomendó el mejor libro que leí el año pasado. Tuve el título apuntado en la agenda durante un par de meses hasta que decidí ir a buscarlo, lo leí en medio de un estío caluroso. En otoño nos vimos en tierras germanas, le recordé su recomendación, estuvimos hablando durante un buen rato,… una semana más tarde tenía un sobre amarillo encima de la mesa de mi oficina. Pero esa es otra historia, la historia de su letras, la historia de mi siguiente libro…

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