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Óliver Miranda

Periodista & Community Manager

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la soledad en compañía


Anoche volví a ver aquel cuadro colgado en la pared. Aquella imagen que me enamoró por sus sencillos trazos y su sincera expresividad. Lo vi allí, sostenido vagamente por un tornillo que coloqué hace ya algunos meses y que poco después comenzó a ceder. Durante todo este tiempo he intentado apretarlo una y otra vez, hasta que al final la cabeza del tornillo ha perdido su estrellada figurada. El roce de la punta del destornillador ha ido mellando las posibilidades de éxito hasta que ha terminado con cualquier opción de sujetarlo con fuerza a la pared.

Esta mañana el tornillo ha terminado cediendo. Esta mañana me he despertado a su lado a sabiendas que había sido nuestra última noche juntos. A su lado he sentido la soledad en compañía. Ahora toca cambiar de cuadro, cambiar de cuadro y evitar volver a caer en el error de apretar un tornillo que no quiere agarrarse a la pared.

5 thoughts on “la soledad en compañía”

  1. Alma dice:

    Dicen que “un clavo saca a otro clavo”. Pero en este caso, el mismo clavo se ha caido el solito tras intentar tantas veces sujetar bajo presión externa a un cuadro, que insistías permaneciese colgado del pobre clavo.
    Moraleja: Como cualquier cosa, a base de presión externa no se consigue obtener el resultado que perseguimos.
    Conclusión: Si te gusta el cuadro cambia el clavo
    Qué filosófica estoy!!!! 😉
    La soledad en compañía para mi es la peor…
    Te sigo,

  2. Óliver dice:

    Lo es también para mí, acostumbrado a la soledad en solitario, a la soledad buscada por uno mismo, a lo soledad que no duele porque en realidad acompaña.

    El cuadro y el tornillo van de la mano (lo sé, era más cómodo utilizar un alcayata, pero no tenía ninguna a mano), la belleza del primero debía sostenerse en el esfuezo del segundo. Sin embargo, cedió el tornillo, cayó el cuadro y se acabó la historia.

  3. Alma dice:

    Oliver.
    Me encanta tu frase: “la belleza del cuadro debía sostenerse en el esfuerzo del clavo”.
    Es sumamente romántica esta visión.
    Un beso

  4. Maria Victoria dice:

    Bueno Oliver, creo que yo en tu lugar saldría a celebrar la caida definitiva de ese cuadro, porque ese tornillo fue tu amigo y te permitió no seguir sujetado a no insujetable. Quienes aún seguimos firmemente atornillados a esa soledad en compañía, quizás soñamos cada día que el cuadro de siempre se ha caido de nuestra pared, pero sigue allí, por las razones de siempre: el miedo de herir a quien tanto se amó, la costumbre de una presencia que ya no llena tus vacíos, la incertidumbre de que una nueva compañía pueda brindar las cosas que te faltan… En fin, enhorabuena por ti

  5. Óliver dice:

    Visto lo visto, aquí cada uno ha interpretado el tornillo, el cuadro,… a su manera, que si van de la mano, que si van por separado, que si bien, que si mal… Propongo un encuentro pseudoliterario para discutir el texto, qué gran debate! 😛

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