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pan de molde

Anoche me puse a comer pan de molde. ¿Con qué? Con las manos, lo del cuchillo y tenedor sería rizar el rizo. Pan de molde, simple y llanamente pan de molde. Su sabor me trasladó a agosto de 2002. Antes de coger el tren desde el centro de Liverpool para ir a la semi cottage en el barrio de Crosby donde residía mi ‘host family’, solía pasar por el Tesco a comprar mi ración de pan de molde. Era incapaz de vencer a la gula, luchar contra ella una hora más y esperar la llegada de una cena recién salida del horno. Así, mientras mi vagón corría hasta la estación de Hall Road, yo enguñía una a una todas las rebanadas. El empacho era habitual, como mi estupidez. Entonces llegaba a casa y con la cena encima de la mesa le decía a mi estómago que fuera haciendo sitio. ¡Qué desastre!

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Comentario

  1. Mmmmmmmmmmmmmmmmmmm… que rico el pan de molde. Tan blandito, con ese sabor peculiar.
    Hay sabores que evocan recuerdos por las sensaciones placenteras asociadas a ellos.
    A mi eso me pasa también con los olores. Hay algunos perfumes masculinos que a veces los huelo en alguien y me viene a la memoria esa personita especial que lo llevaba.
    No sigo que me pongo nostálgica.
    Besitos

  2. La cuestión de los perfumes es un tema aparte sobre el que podríamos hablar largo y tendido (¡vaya topicazo!) Acabo de recordar que en una época de enamoramiento adolescente que tuve hace algún tiempo, perfumé el peluche que ella me había regalado con las pocas gotas de perfume que quedaban en el frasco que se dejó en casa la última vez que nos vimos. Actualmente, tengo un pequeño problema de fuerte atracción, fuerte pero soportable, con alguna fragancia (un segundo, fragancia es igual a perfume, o se dice colonia, o…)
    En cualquier caso, creo que prefiero los perfumes originales porque evitan ‘reencuentros aromáticos’.
    Besos.