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Óliver Miranda

Periodista & Community Manager

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un suizo con nombre kurdo


Rambla del Raval. Visita relámpago a un moderno y lujoso hotel de cuatro estrellas que no sólo ha mirado de frente a un barrio al que algunos dan la espalda, sino que funciona con mano de obra local, como la exuberante mujer que me acompaña en el ascensor. Dos cruasanes de chocolate, un zumo de naranja natural, un dossier de prensa y el sensor de la puerta se ilumina y me deja de nuevo en la Rambla.

En el metro de Liceu la mísera pensión de un octogenario le obliga a colarse. Diez segundos más tarde las coderas de su envejecida chaqueta de punto descansan en un banco mientras finaliza la cuenta atrás del próximo tren.

19:31. Llega el casco. 19:33. Llega la moto. Me encanta cuando el timing programado sale redondo. A las ocho aparcamos en Pau Romeva.

Me levanto del asiento cuando un suizo con nombre kurdo marca uno de esos goles que no volverá a meter en la vida. Estas cosas ocurren así, los astros se alían con tu fortuna y consigues un empate por el que nadie hubiera dado un céntimo. Y yo ahí, en la primera gradería. Disimulando. Haciéndome el sorprendido y regañando entre dientes. A mi izquierda una fanática tipo me mira con asombro, inmediatamente lanzo algún insulto mostrándome muy enojado por el tanto visitante. Hay que guardar las formas, ya no sólo porque esté en terreno enemigo, sino porque a mi derecha una culé que ha crecido sentada en ese asiento me ha llevado al campo a sabiendas de mi poca estima a los colores azulgranas. Gràcies.

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