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Óliver Miranda

Periodista & Community Manager

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un domingo que ya es historia


Domingo. Me levanto a las siete y media de la mañana. He dormido menos de cuatro horas. No está nada mal, hasta hace poco me pasaba dos jornadas dominicales al mes a base de cabezacitas. Me hago la cama, me afeito, me ducho, me visto, me peino, las cremas, el perfume… no almuerzo. Pasan cinco minutos de las nueve cuando el AVE echa a andar. Una hora y cinco más tarde, Lleida. Treinta minutos después, mi casa. Una magdalena y un zumo de naranja. Un Grisby a medida. Más coche, más carretera, más kilómetros. Lluvia. Boda. Lluvia. Paraguas. Arroz.

La comida empieza a las cuatro de la tarde. A las siete tengo que salir de allí. El marisco llega a cuentagotas. Paso del vino porque me conozco, no me preocupo por el cava porque sé que no llegaré a tiempo. El ternasco aparece en el salón a las siete menos diez, desaparece de mi plato a menos cinco. Me levanto. Voy a la mesa nupcial. Beso al novio. Beso a la novia. Me despido.

El autobús sale a las siete y media. Duermo. Despierto. Duermo. Despierto. Son las once y media de la noche. Diagonal. Llego a casa con la medianoche despidiéndose de la luna llena e intento no pensar en un domingo que ya es historia. Hay ciertas cosas que sólo puedo hacer ahora, ahora que tengo 24 años, ahora que mi cuerpo todavía no me ha dicho basta, ahora que necesito trabajar de lunes a sábado para aprovechar el momento económico. ¿Mañana? Intento no pensar en las locuras que hago ahora como para ponerme a cavilar sobre el mañana.

1 thought on “un domingo que ya es historia”

  1. Santi dice:

    Nen, t’estàs superant a cada post.
    Això dona gust llegir-ho.
    Felicitats!

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