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la tele engorda

El hijo de un torero prejubilado a la fuerza hace ya más de dos décadas entra en Sants-Estació justo cuando mi maleta y yo cruzamos la misma puerta pero en sentido contrario. La tele engorda. Este perenne adolescente sonríe como siempre y mira el mundo a través de sus gafas de sol como otras tantas veces, sin embargo, a ese cuerpo parecen faltarle unos 10 kilos, o al menos eso pienso si lo comparo con la última vez que lo vi en aquel exitoso programa de zapping televisivo.

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