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dos opciones

Tras una muerte, a los vivos nos quedan, siendo simples, dos opciones. Aliarnos con el tiempo para cicatrizar las heridas o convertir al día a día en una triste procesión hasta nuestra propia desaparición.

Cuando la vi un año después de aquel trágico accidente pensé que todavía estaba eligiendo qué camino seguir. Siete años más tarde, sus palabras, vestidas de un leve llanto y una mirada de calmada tristeza, me muestran que ha escogido la peor opción. Sigue preguntándose por qué, por qué a su ángel, por qué a aquel ángel que había criado durante más de dos décadas. La beso tiernamente en la frente, podría haberle ofrecido algunas palabras de consuelo, pero después de tanto tiempo no creo que ya nada sirva, es su elección.

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