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gràcies família!

Seamos sinceros. No compré un billete a Menorca por sus cristalinas playas escondidas en calas casi inaccesibles, ni por sus atardeceres indescriptibles, ni por la tranquilidad de sus calles, ni… Le había prometido esa visita. A él, al tipo que me ha soportado durante los últimos cuatro años. Sí. Soportar.

Sigamos siendo sinceros. No he conocido a nadie en este mundo capaz de aguantar mis esquizofrénicos cambios de humor con tanta entereza. Aunque no quisiera estar con nadie (origen de mi amor a la soledad y mi inquietud cuando me rodeo de seres de mi misma especie), siempre supe que estaba allí, en mis peores momentos, en mis decrépitas depresiones en las que llegué a preocuparme por unos breves episodios de inanición que me estaban convirtiendo en una sombra inanimada de lo que debía ser.

Él vivió la crisis de un valor bursátil que había caído en el craso error de no creer ni en si mismo. Él vivió la paulatina recuperación que ahora continúa, la desaparición del personaje bipolar que ha aprendido a contar hasta diez, incluso hasta veinte si la situación lo requiere. Él vivió aquel momento en el que el pajarillo empezó a volar por sus propios medios después de tanto tiempo acurrucado en la parte más cálida de su nido y decidió tomar impulso, abrir las alas y precipitarse al vacío sabiendo que no iba a terminar estampado contra el suelo.

Gràcies família! Al pianista que ha creat la banda sonora de tot aquest viatge, al petit malalt per un videojoc que encara no entenc, al pare, a la mare i a la seva emotiva acollida. Sincerament, gràcies a tu!

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