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Óliver Miranda

Periodista & Community Manager

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playa de cavalleria


Las sombras se alargan en la Playa de Cavalleria. Las toallas contactan con la arena justo en el mejor momento para aprovechar los últimos coletazos del sol y esperar a su lado hasta que decida esconderse tras el horizonte. Nuestra llegada coincide con la despedida de la mayoría. Niños, jóvenes, padres, abuelos, neveras y sombrillas suben por la angosta escalera que intenta hacer más sencillo el acceso a la cala. Creo que con un metro más de ancho lo conseguiría. ¿Hoy por hoy? Necesita una señal para marcar quién tiene preferencia y evitar así la ley del más listo o el menos remolón.

Salgo del agua y tropiezo con un amarillo rastrillo medio escondido bajo la arena. De pequeño me encantaba jugar con la arena, mi especialidad eran los pozos. Cavar, cavar y cavar hasta encontrar agua. Cuando crecí… cuando crecí me seguía gustando y ahora, ahora sigo fascinado pero no tengo ni rastrillo, ni pala, ni cubo…

Decido hacerle un homenaje al descubrimiento y lo coloco delante de mi cámara. Así, mientras las olas se divierten con mi recién adquirido amarillo rastrillo yo intento buscar la fotografía del día.

Poco más tarde, cuando el sol le está guiñando el ojo al horizonte… No sería propio de mí decir que hay momentos que no pueden explicarse con palabras, existen, lo sé, pero ahora mismo no las encuentro.

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