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Óliver Miranda

Periodista & Community Manager

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primas mayores para ampliar el negocio


La capacidad comercial de dos niñas monas vendiendo pulseras en el paseo marítimo de Fornells vendría a ser pequeña, únicamente el poder de emoción que alcanza una sonrisa de no más de nueve años en los corazoncitos de los turistas. Un momento. Y estás jóvenes empresarias están dadas de alta en la seguridad social, pagan IVA, declaran a Hacienda… ¿quisquilloso? Se empieza vendiendo pulseritas y se termina montando una ciudad de 13.000 viviendas en medio de la nada.

Decía. Ellas saben que solas no pueden llegar muy lejos, así que aprovechan la visita de sus primas mayores para ampliar el negocio. Así es más fácil. Un par de chicos ‘bien’ se detienen junto al amplio abanico de pulseras fabricadas por pueriles manos… dejémonos de eufemismos, ellos se detienen frente a dos pijas treinteañeras a las que han echado el ojo desde la parada de dulces que lleva años anclada en ese puerto.

Dos minutos más tarde se dejan cinco euros en la compra y… ¡nada más! Me alejo de allí mientras las pequeñas comerciantes hacen caja y sus primas sonríen a los últimos compradores.

En el siguiente banco un niño de ocho años espera su oportunidad. Sin fornidos y atractivos primos no le auguro una buena jornada.

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