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un viernes muy largo

Me acosté a las once y me levanto a las seis y media ¡Manda narices! El último día de trabajo antes de las vacaciones de verano es cuando me tomo más en serio eso de dormir las horas necesarias para rendir al máximo. Quizá anoche ya era muy consciente de que iba a ser un viernes muy largo.

Siete horas en la oficina a medios gas, copiosa y alcohólica comida de empresa, karaoke, un taxi, una ducha, cena francesa (sólo cuatro horas después de terminar el postre de la comida), una cerveza, el Falstaff…

No me apetecía ir al Almo2bar. Entonces, ¿qué hacía a las cuatro menos cuarto de la mañana saludando al armario que viste su puerta? Siempre he dicho que cuando salgo lo hago para vivir nuevas experiencias, por pequeñas que sean, ¿la de anoche? Entrar gratis a esta discoteca gracienca. Me encantó.

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