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una alternativa al vuelo trn-bcn

Con quince minutos de retraso, sus nudillos impactan suavemente sobre la puerta de mi habitación. Bajamos a desayunar. Repetimos la mesa de ayer. No tengo hambre: un cruasán que dejo a medias, algo de uva, un plátano y un enrojecido zumo de naranja. “El taxista os está esperando”, nos advierte una de las camareras. Calma. Ella se bebe su capuccino mientras termina con mi bollo lunar.

Un elegante conductor abre el maletero de su Chrysler después de confirmar que estoy en la lista. La artista trotamundos llega minutos más tarde.

Aeropuerto de Torino. Los de delante se quedan la salida de emergencia así que no podré estirar las piernas. No importa, tras un vuelo de hora y media estaremos en casa.

10.15 horas. Cincuenta minutos antes de la salida de nuestro avión tomamos dos capuccinos, los más artísticos del viaje, obra de un camarero que hace virguerías con la crema de leche.

Ahí está nuestra puerta de embarque. La número ‘8’. Hay cola, así que decidimos buscar un par de asientos libres desde donde vigilar la entrada. Terminamos algo lejos, con una escalera circular que tapa el mostrador pero que nos permite un cierto contacto visual con los pasajeros que esperan de pie.

11.15 horas. “¡Madrid!”, grito para mis adentros. Después de ver menguar la cola hemos decidido avanzar hasta la puerta de embarque. Entonces… nuestra cola de referencia era la de un vuelo a Milán, o quizá a Roma… era un vuelo interno, ¡era la puerta ‘9’! A su lado el mostrador de la ‘8’ está vacío y la pantalla señala el próximo vuelo: “Madrid”. Si el horario se ha cumplido (y eso parece) nuestro vuelo ya está en el aire.

Confío en ella…

Pregunta en el mostrador de la ‘9’. Las azafatas de tierra de Alitalia están cerrando el embarque y pasan de problemas ajenos. Buscamos una confirmación pero nadie sabe o nadie quiere saber nada. Seguimos buscando y en nuestro camino aparecen dos policías. Habla ella, es ella la que maneja el italiano con fluidez, es ella la que ha aterrizado en Dubai, Helsinki, Tokyo, Nueva York… Esta especie de centros comerciales donde aterrizan aviones ya forman parte de su vida. Los policías llaman por teléfono. Aparece una responsable. “Os hemos estado llamado por la megafonía”, explica con tono autoritario. La artista trotamundos repite una y otra vez que no hemos oído ‘niente’, yo asiento con la cabeza. Llama a una subalterna que nos lleva a buscar nuestras maletas (un pasajero puede volar sin maleta, una maleta no puede viajar sin pasajero). No aparecen. No me preocupa. El aeropuerto de Turín es una caja de zapatos. Así es, terminan apareciendo donde debían estar, en el almacén de maletas no reclamadas. Volvemos a los mostradores de facturación. La responsable ha suavizado su autoritario tono y nos presenta la alternativa. Llegar a Barcelona vía Madrid. ¿Pagando? Ella no dice nada, así que aprobamos su opción y volvemos a facturar.

18:30 horas. Aterrizamos en el Prat. Atrás quedan casi cuatro horas de vuelo en dos aviones diferentes. Cuatro billetes en primera clase, con su cava, su deliciosa merluza (mientras el resto del pasaje enguñe un mini bocadillo de chorizo),…; una aeróbica carrera por la T4; los nervios por no llegar a tiempo para coger el enlace; los nervios porque ella no encuentra el DNI y aquello se pone dramático…

Esperamos las maletas. No llegan. Tranquilidad. Todavía queda mucha gente rodeando la cinta transportadora y mucho equipaje dando vueltas. Seguimos esperando las maletas. No llegan. Nervios. Echamos cuentas. Nuestros equipajes no habrán tenido tiempo de coger el avión MAD-BCN. Reclamamos. Ha pasado casi una hora desde que aterrizamos en la ciudad condal. Caminamos juntos hasta la puerta de salida.

No me gustan las despedidas. Además, esto no es más que un: “Hasta la próxima aventura”. Dos besos y su brillante mirada, su perfilada sonrisa, sus hoyuelos, su bella madurez con joviales destellos de humor… desaparecen entre el desordenado ejercito de maletas que desfilan por la Terminal B del Aeropuerto del Prat.

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Comentario

  1. Esta tarde la coprotagonista de esta nueva aventura aeroportuaria me ha apuntado un detalle que no queda del todo claro en el post: el viaje TRN-BNC (puerta a puerta) duró casi once horas. Un ‘importante’ detalle teniendo en cuenta que si no se nos hubiera ido la pinza confiando en una cola que no era, la cosa se hubiera quedado en un máximo de cuatro horas y media.
    Ah! Mi maleta llegó, también la suya. Eso sí, con un par de días de retraso aunque en la cinta pusiera “short connection’.