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con tres horas de adelanto

¡Qué asco! ¡Qué mierda de imagen queremos ofrecer con unos seres analfabetos y maleducados manejando la línea ‘Plaça Catalunya – Aeropuerto’! Delante de mí un par de alemanes observan como las puertas del Aerobus se cierran ante sus narices mientras el orangután que conduce sólo consigue decir: “The next”. ¿Qué cuesta ponerle un ‘please’ detrás? La vergüenza ajena no termina allí. El siguiente es un tipo a un chicle pegado que no sabe más que repetir: “For an fif”. ¡Quién fuera elástico dulce (y envenenado) para terminar con la vida de este engendro!

Cuarenta minutos más tarde medio autobús se baja en la Terminal A, el otro medio en la B. ¿Y tú? Tú que eres un tipo con poca personalidad en espacios extraños te bajas siguiendo la senda del grupo. Tu vuelo parte de la C pero necesitas hacer una tontería como ésta para asegurarte que no la vas a repetir la próxima vez. Espera, ¿no recuerdas tu viaje a Madrid en noviembre? Idiota. Desde la Terminal C. ¿Recuerdas que le preguntaste al conductor y te quedaste ahí solo hasta el final del recorrido? ¿Lo recuerdas ahora? Ahora sí, pero antes… Es lo que tiene llegar con tres horas de adelanto. Si con hora y media me equivoco de aeropuerto, teniendo el doble de tiempo para liarla…

A las tres menos cuarto el sol luce sin complejos… Llego caminando a la Terminal C. Me siento cómodamente a esperar. El ipod suena, mentalmente le pido una canción y me la coloca en el playlist en un par de minutos. Con casi tres años a mi lado, momentos como estos son los que le hacen un amigo inseparable (hasta que me decida por el ‘Classic’ más crecidito de GB o el ‘Touch’) Al poco rato advierto que la pantalla que estoy mirando es la de llegadas. Cojo el ascensor. Frunzo ambos ceños, hoyuelo derecho, mmm…

¿Cuándo sabes que has llegado demasiado pronto al aeropuerto? Cuando tu vuelo no aparece en ninguna pantalla. Vuelvo a sentarme, esta vez ante una salida que tiene la mala costumbre de pararse cada cinco minutos. Me divierte ver a los recién llegados atrapados en ese estático cilindro. Aparece mi vuelo. “Mostrador 8”. Miro a mi izquierda, el 21, mira a mi derecha, el 32. Juraría que la ampliación de la Terminal C termina ahí mismo. Entonces recuerdas que hace un rato desde tu fruncida mirada has visto un mostrador de Iberia. Vuelvo a la calle, cojo la misma entrada, el mismo ascensor… lo sé, el aeropuerto es pequeño y tengo vías más cortas para llegar al mismo sitio, pero hay pequeños riesgos que pueden convertirse en grandes aventuras.  ¡Ahí está! Pido mi ventanilla en la salida de emergencia y facturo mi equipaje.

Lo que sigue, la historia de siempre. Mi mano derecha evitando un espectáculo subidito de tono, mi Macbook haciendo conjunto con una bandeja de Aena y el resto de mi vida siguiéndoles de cerca.

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Comentario

  1. @Isa
    El secreto está en abrir bien los ojos y no perder detalle de lo que ocurre a tu alrededor.

    @Judith
    Mai estaràs al mateix nivell, tu, com la majoria dels humans, vam néixer molt per damunt d’ell.
    Ah! “For an fif” es: 4,’05€ (el preu del billet per anar de Plaça Catalunya a l’aeroport.