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Óliver Miranda

Periodista & Community Manager

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improvisado camarero


Leo algo en la segunda planta del FNAC del Triangle. Paso de cualquier cosa que me pueda enganchar así que continúo con temas de trabajo: Toyo Ito, Richard Rogers, Santiago Calatrava… Son las seis y media. Tengo que matar el tiempo. Es lo que tiene no vivir a 15 minutos del trabajo. En fin…

Una hora más tarde levanto mi sesión literaria y busco el anaranjado tono de la línea amarilla. He comprado un par de tonterías que este lunes me recordará mi visa de crédito semanal. Hablando de mi ‘extraordinaria’ tarjeta, con ésta ya son tres las compras realizadas… esto es, 0 euros de mantenimiento. Ya la puedo dejar escondida en algún cajón, reducida a tareas de extracción de líquido.

Escribo sentado en un banco, a cien metros de la playa. Una mariposa aletea a mi derecha. Lo hace sobre un edificio con polémica… A mi izquierda intento calcular la planta en la que mi geek favorita disfruta de unos interminables ventanales. ¡Cuán inspiradora ha de ser la vista del mar desde allá arriba!
Son las 19:59. ¡Mierda! Llego tarde.

La 1:11. Noche apoteósica. A las nueve y media Xavi Coral cierra el chiringuito y comienza el cava y… las piruletas de parmesano. Llamo a Isa. En ese momento sólo ella puede entender mi desesperación. La cosa mejora. Conozco gente, tomo mi tercera copa y mi cuarta tapita de jamón y ‘pantu’. Está en mis manos continuar la fiesta o dejarlo ahí, con el estómago vacío y revuelto. Cojo un taxi y vuelo a la otra punta de Barcelona. Parece que he llegado tarde. En los jardines del Juan Carlos I sólo quedan las secuelas de una guerra de hambrientos. Me encuentro a los mismos que he dejado mirando como caía la noche sobre el Mediterráneo. De repente una paella aterriza a nuestro lado. Hacemos cola, un minuto, dos minutos… aquí no hay nadie que nos sirva. Equilibro mi algo alcoholizado cuerpo para acceder al otro lado de la mesa. En la mano izquierda dos tenedores, en la derecha platos que me quitan de las manos. Me entra complejo de camarero… y me encanta. Sirvo a los nuevos ‘colegas’, a Jordi Hurtado (una lástima perderme su presentación de esta noche, es un tipo que lo borda, es lo que tiene una concienzuda preparación),… este platito para mí y listo. Ha sido mi momento de la noche. He conseguido que algunos me recuerden, aunque sea como el tipo que se puso a servir una paella a diestro y siniestro en medio de una de las fiestas más ‘populares’ (nunca mejor dicho) que se celebran en la ciudad condal. Para rubricar la noche cojo el último tren por los pelos. ¡Uf!

2 thoughts on “improvisado camarero”

  1. ISA dice:

    Fue un gusto recibir tu llamada, estuve partiéndome “la caja” durante un rato. ¡¡ no habrán más caterings en Barcelona!!!, o es que es el más barato ….

    Arriba las piruletas de parmesano, esperaba que me trajeras una !!

    Besitos

  2. Óliver dice:

    El más barato? A mí me da que es de los más caros. Estoy rumiando la idea de montar un catering ‘clásico’.

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