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comisiones

8:08. Llevo ocho minutos esperando. Mis fuentes me fallan. El banco abre un cuarto de hora más tarde de lo esperado. Escribo desde una Plaça Cívica que comienza a distribuir a los jóvenes estudiantes entre las distintas y educativas moles de hormigón asentadas en la UAB desde épocas dictatoriales.

Soy el primer cliente del día. Me encanta la simpatía de esos ojos verdes sobre fondo oscuro y liso:

– ¿Crédito o débito?
– Mmm…
– Te recomendaría crédito…
– Mmm… débito, por favor (sonrío)

Gestiona la petición. Entonces llega a las comisiones y rebate mi decisión:

– La de crédito semanal sale gratis si…
– Tú ganas. Me la quedo.

Un par de minutos más tarde ingreso los cheques. Sin comisión. He aquí la diferencia entre aquellos que me robaban cuando recibía una estrellada carta en mi buzón, a estos, que me acompañaron desde mis inicios universitarios y con los que continúo ahora, ahora que para mí los junios ya no tienen semana ‘blanca’.

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