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el madrugador afortunado

El miércoles me envían a Madrid. Es lunes. Entro en la página de Renfe para adecuar mi propuesta al horario de las conferencias y envío la solicitud de viaje. La primera de mi corta historia en la empresa. La primera. ¿Y qué ocurre cuándo hago algo por primer vez? Que la lío.

El martes suena el teléfono. “Óliver, sales a las 07:15 y vuelves a las 18:00”. Cuelgo. No me suena ningún AVE de ida a Madrid a esa hora. Cinco minutos más tarde me llegan los billetes por email. ¡Voy en avión! No especifiqué y me toca dormir en Barcelona ciudad. Me toca levantarme sobre las cuatro y media de la madrugada, y lo hago, lo hago después de haber mirado el despertador más de seis veces en las últimas dos horas. Taxi al Prat.

Necesito ganar peso o comprarme un cinturón de plástico. Pasar por el arco de seguridad con la mano derecha sujetándome los pantalones no es una imagen de la que esté muy orgulloso.

16ºC en Madrid. Son las ocho y media de la mañana. ‘Prendo el celular’ (el lenguaje de Pérez-Reverte y su ‘Dama del Sur’ me americarizan el lenguaje). Un mensaje suaviza los tonos oscuros de un día que no tenía nada de positivo. De vuelta a la ciudad condal me esperan tres cervecitas y una princesita.

Desde una abarrotada terminal 2 respondo la correspondencia electrónica pendiente y cojo el metro. Me planto en Nuevos Ministerios. Todavía falta más de una hora y media para que comiencen las conferencias y quería pisar el centro, aunque sólo fuera para comprobar la inmensidad del Paseo de la Castellana. Leo algo mientras el sol, completamente desperezado, ataca con fuerza mi blanquecina piel. Termino el capítulo y vuelvo a la línea 8.

Son las cuatro y cuarto. El timing se cumple con una puntualidad exquisita y en diez minutos vuelvo a estar en el aeropuerto.

La llamo a través del portero automático. No responde. Vuelvo a llamar y sigo sin obtener respuesta. Cojo el móvil y descubro que me lleva una cerveza de ventaja. Espero. La escucho bajar por las escaleras, abre la puerta…

Llego a casa pasada la medianoche. Existe la posibilidad de mejorar un gran día. Busco en el fondo de mi heredado y original bolso italiano. Encuentro la pequeña llave del buzón que me he llevado de viaje esperando este momento. ¡Ahí está! El sobre, los cheques, el resultado del trabajo de los primeros cuatro meses del año.

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Comentario

  1. Com sempre, les teves primeres vegades són dramàtiques (…)
    Un consell: no convé especificar on arriben els teus ingressos, perquè com saps, per aquí desapareixen coses misteriosament. Only for just in case.

  2. No hi ha res com la primera vegade de tot, l’excitació, els nervis, com serà, ho faré bé, m’equivocaré…..
    No penseu malament, no estic parlant de sexe, o sí?, no ara no, no em ve de gust, però tb serveix.

  3. la primera vegada… sí, sí, és única, però què malament ho passes, eh? és quan ja està passada aquesta primera vegada (de què? del què sigui) que no veus tan filosòficament la situació

    tot i això, sempre hi ha d’haver les primeres vegades, que d’apresos no neix ningú

    óliver: menys fruita i més chicha!