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estúpidos retrasos

Vaya cara de gilipollas que se me está poniendo. Llevo diez minutos esperando mi autobús. Nada. Mientras tanto todo el mundo se ha subido al suyo. Todos. Los que estaban esperando antes, los que han llegado con tiempo y aquellos que a punto han estado de perderlo. “Pero este 53 ya ha pasado tres veces y mi 25… ¿dónde está mi 25?”, me pregunto al tiempo que el silencio visita de nuevo la parada. Evito pensar que lo he perdido por medio minuto para no crear un drama. Un drama que ha comenzado con la estúpida decisión de coger el autobús cuando el metro me dejaba a un paso de mi destino. Pero tú eres así. Cuando vas solo tomas decisiones incoherentes. Y las decisiones incoherentes sobre alternativas que no conoces terminan en este tipo de estúpidos retrasos.

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