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Óliver Miranda

Periodista & Community Manager

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aventura aeroportuaria


Las cuatro de la tarde. Hace diez minutos que he llegado al aeropuerto de Düsseldorf. La cola ante los mostradores de Lufthansa avanzan con rapidez pero no creo que enseñe el DNI, al menos, hasta dentro de media hora.

De repente un trabajador de la compañía nos invita a hacer el check-in automático. Mira mi reserva. “¿Germanwings”… Silencio. Él no entiende, yo no entiendo. Entonces coloca su índice sobre el aeropuerto de salida de mi vuelo hacia Barcelona: ‘Cologne Bonn Airport’. Mientras mi cabeza intenta buscar una solución rápida, intento explicarme cómo me ha ocurrido algo así. No había revisado un billete que tenía en el cajón de la oficina desde hacía más de dos meses. En abril había aterrizado en ese mismo aeropuerto y un día después estaba volviendo desde allí mismo. ¿Por qué ahora no debía ser igual?, parecía haber pensando desde un primer momento. Quizá porque hay decenas de combinaciones posibles; quizá porque ahora era otra empresa la que te invitaba a tierras germanas; quizá porque viajabas a Colonia y no a la frontera con Holanda… Es como si una noche en un bar pensarás que la bellísima e inteligente mujer sentada dos mesas más hacía allá te está guiñando el ojo cuando es realidad está intentando sacarse una molesta pestaña.

Salgo de la Terminal A del aeropuerto de Düsseldorf con la mirada puesta en un grupo de taxistas que charlan distendidamente. “¿Cuánto tiempo se tarda en llegar al aeropuerto de Colonia?”, pregunto. “Unos 40 ó 50 minutos”, responde uno. Telegráficamente les explico mi problema. “No llegarás a tiempo”, aseguran.

Veinte segundos más tarde salgo camino al aeropuerto colonés. Me la juego. No me queda otra.

Desde que he subido al taxi no he dejado de mirar el GPS que el conductor ha configurada instantáneamente. Echo cuentas. El vuelo sale a las cinco y cuarto. Yo llegaré a menos cuarto, no a menos 14, 13… Atasco. Cambiamos el rumbo. Atasco. Entonces mis nervios echan mano de mi pseudotalento teatral. Comienzo un tímido sollozo, completado por un leve lamento. Consigo la empatía del conductor y aquello se convierte en un partida de ‘Super Mario Kart’: cambios de carriles, líneas continuas que parecen discontinuas y todo a 190 k/h. Hago una llamadita a mi contacto en tierras germanas. Le pido que me informe sobre mi vuelo. Lo llamo quince minutos más tarde y la respuesta es imprecisa pero algo esperanzadora. Ha entendido algo de una huelga, pero no sabe si el check-in cerrará a la hora prevista o no. Respiro entrecortadamente, no sé donde terminan los nervios y donde empieza el teatro… De repente, la apoteosis. El taxista acelera al tiempo que gira bruscamente hacia la derecha. El carril de emergencia es suyo. Quedan cuatro kilómetros, tres, dos… lanzo los billetes en el asiento del conductor. “¿Ticket?” “Nein danke”. ¿En concepto de qué paso esta carrera,  la estupidez de un incompetente? No quiero testigos. Salto del taxi. Intento correr pero las piernas, agarrotadas por el viaje y temblorosas por los nervios, responden a trompicones.

En la cola para facturar en Germanwings aguardan unas 300 personas. Sólo tengo un objetivo, ser el siguiente en hacer el check-in. Adelanto a 200 por fuera del carril; a 60 saltando la mediana y a los últimos 40 con un triste y entrecortado discurso acompañado del arrugado resguardo del billete e intentando explicar: “my flight…” Alcanzo el mostrador un minuto y medio después de entrar a la Terminal. Mi inglés, asesinado por una boca que no puede articular palabra, intenta interactuar con la azafata de tierra. “asflkjrtoiqrv… Barcelona”, digo. “asfkjalskfjlaksdf… delayed”, entiendo de su repuesta.

Son las cinco y veinte, escribo desde una abarrotada sale de espera. Mi avión parte hacia la ciudad condal a las siete de la tarde.

8 thoughts on “aventura aeroportuaria”

  1. kermit dice:

    haver agafat el tiquet, un tiquet de alemania el passes segur.
    LA propina NO!

    És per matar-te, però reconeixo q a mi tb m’hagués passat!

  2. Óliver dice:

    Podria passar a España, pero un ticket alemany que he de passar a una empresa d’Alemania no crec que ‘coli’. A més, com vols que ho expliqui? Ja fliparan prou amb el billete Kohl – Düsseldorf Airport…
    Al meu balanç personal ho apuntaré com: “Gastos aventura alemana’.

  3. Judith dice:

    ¿Chico con suerte, eh?

    Jo era igual amb els avions fins que vaig perdre un Heathrow-Barcelona per confiar-me massa dels trens londinencs (bé, bastanta culpa va ser meva). Ara m’he convertit en una obsesa patològica dels check-in : arribo gairebé 4 hores abans. Em deixo el sou a les cafeteries, però ara segur que no se m’escapa cap més 😉

  4. Rosalita dice:

    Osti, quins nervis m’has fet passar… molt ben trasmès!
    A veure si ens veiem demà!

    Petons

    Rosa

  5. tintachina dice:

    Anécdotas de aeropuertos, esos inventos del demonio. Me han pasado muchas cosas (incluido lo que decía Judith de la obsesión por llegar tres horas antes) pero lo tuyo es de premio gordo. Añado que estoy hasta los … de descalzarme en los controles de seguridad y, a título más personal, de que los chinos saquen tuperwares olorosos de su mochila para alimentarse en el avión. A todo eso, aprovecho para felicitarle, que uno no cumple años todos los días. Disfrutalos por ahi y pasa el tícket luego a la empresa.

  6. Óliver dice:

    @Judith:
    Suposo que he après per la propera vegada, però no vull passar-me mig viatge a l’aeroport! 🙁

    @Rosalita:
    Estava pensant, al cap i a la fi van ser això, nervis; si m’hagués quedat a terra… el ‘acojone hubiera sido de campeonato’.

    @tintachina:
    uf! No quiero pensar en subir al avión y encontrarme entre dos chinos con otros tantos tuper.
    Gracias por la felicitación, la más ‘lejana’ que he recibido estos días 🙂

  7. SergiMan dice:

    Desde la famosa persecución en “Bullitt” por las calles de San Francisco no se había visto nada tan trepidante!!! Oliver, tienes que viajar más!!!

  8. Óliver dice:

    Más o menos… aunque sin cambios de rasante y la mirada puesta en el GPS y no en el retrovisor. Los nervios silenciosos fueron exactamente los mismos. Además, ahora que lo pienso, aquel taxista turco tenía un cierto parecido a Steve McQueen.

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