en descategorizado

oda a la piruleta de fresa, estúpidos prejucios

Cruzamos el centro de Terrassa. Ella, de blanco impoluto, atrae todas las miradas, está acostumbrada a hacerlo. Yo, simple comparsa. Soy ese arbolito pintando al lado de la casa para que el cuadro no cojee. Hace siete meses, cuando apareció por casa con una mini espectacular, los prejucios. Lo reconozco, lo primero que me fascinó de la piruleta de fresa fue su cuerpo. Me quedé allí durante mucho tiempo. Prejuzgándola. Ahora me siento un estúpido. En realidad, lo he sido durante todo este tiempo. Cuando me confesó su conformismo descubrí que era algo más que un cuerpo bonito. Después de la conversación del jueves no tengo mucho más que decir. Bella madurez a los 21.

Piruleta, no sólo has conseguido lo que querías, sino que lo has hecho con la elegancia y la humildad que muchos aparentan tener y que sólo unos pocos poseen.

¿Quieres escribir un comentario?

Comentario