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una moritz de diseño

nanimarquina bajo mis pies. Una Moritz encima de la mesa junto a unas patatas fritas de bolsa transparente. No pensé que el día iba a terminar así. Me encanta. El DJ se anima justo cuando me termino la cerveza y las patatas ya forman parte de la historia. Podría alargar esto hasta las nueve de la tarde, pero a las siete y media ya estoy de camino al otro lado de la montaña. Demasiada gente desconocida, o quizá, nadie conocido con quien compartir un buen final de día.

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