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Óliver Miranda

Periodista & Community Manager

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el tren de las 22:43


Sentado en un banco de la estación. Solo. Intento no mirar con asiduidad el panel de próximas salidas buscando que el tiempo no se detenga y huya más rápido. Los cuarenta minutos que faltan para coger el tren que me lleve a la ciudad son el resultado de la estupidez del día. He mirado quince veces el horario, ¿y qué? No ha servido para nada. En fin, saquemos algo positivo de todo esto. No olvidaré jamás que antes del tren de las 23:28 está el de de las 22:43, no el de las 22:52.

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