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dos cafés, 10 euros

Una estilizada y trajeada mujer ha perdido algo de camino al hotel. Inapreciable para mí (a treinta metros de distancia) y más aún para ella que únicamente tiene puesta la mirada en su destino. Sin embargo, él no ha dejado de observarla desde que dejó Diagonal. El chico que vigila la entrada del Palau de Congressos le advierte de su perdida, y es él mismo el que se agacha para recogerlo y entregárselo. La respuesta de ella, un gracias que esconde un adiós. El joven, hipnotizado, persigue con la mira a la joven silueta hasta que alcanza la puerta del Juan Carlos I.

Hotel****GL. Una especie de Cobrador del Frac con salario de botones se cala con fuerza su sombrero de copa para evitar que el viento se adueñe de él. Desde el autobús de la prensa (lugar de reencuentros, como lo son los cócteles varios de las distintas ruedas de prensa a las que me llevan de excursión) observo como se esconde dentro del hall del hotel. Sin clientes, el frío es el único invitado, incómodo invitado. De repente, “me han cobrado cinco euros por una café”, escuchó un par de asientos más atrás. Habían llegado con adelanto y le pidieron al bar del hotel que fuera su aliado para matar el tiempo. Resultado, dos cafés, 10 euros.

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