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15 años

El destino te ofrece este tipo de situaciones. En menos de 24 horas cambias las treinteañeras por las que no alcanzan la mayoría de edad. Y tú allí. En tierra de nadie, equidistante de ambas no sabes muy bien qué hacer. Sin embargo, sí sabes que es algo extraordinario. Tu entorno diario rechaza a las ‘adolescentes’ (aunque aparente 19 y la mires cómo si el mundo terminaría en sus ojos marrones), el trabajo, el campus universitario, las conferencias, no es lugar para este público.

Me he despedido de ella justo como quería. Algo rápido. Un encuentro fortuito después de una huida prematura para cambiar de vestuario (es lo que ocurre cuando el traje no es tuyo y tienes que devolverlo) Cruzo la esquina, la esquina que me vio crecer hasta los catorce y allí…

El “guapo” me mata, me mata porque a veces lo necesito. Sé que volveré a verla porque también lo necesito, necesito volver a compartir con ella una noche loca y desorganizada como la de ayer. (Debería hacer una análisis sobre lo que NO hay que hacer para montar un desfile como Dios manda)

Antes de llegar a casa… “¡Qué majo es!”, escucho de un grupo de vecinas con las que estado conversando hace un momento. Me encanta haber volado del nido y seis años más tarde convertirme en eso, “en un tipo majo” y no es un urbanita sin escrúpulos que no sabe apreciar ni al pueblo y ni a sus gentes.

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