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Óliver Miranda

Periodista & Community Manager

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nuclo, mi primera esferificación


Érase una esferificación de… Érase un anuncio con cincuenta niñas vestidas de rojo. Érase la feria de Cosmobelleza… Érase…

Mediodía. Gran Via 2. Barcelona.

He estado pensando en cómo narices podía comparar el Bilbao y el Nuclo. Es fácil si hablo de las esferificaciones o de las líneas vanguardias que visten a uno de los últimos restaurantes abiertos en Barcelona. También podría hablar de las esculturas de Lorenzo Queen que sirven de decoración… pero no me refiero a eso.

En realidad, la respuesta es más sencilla. No olvidaré durante algunos días el hilado ‘nuclo’ sobre el puño del vestuario que luce el equipo de sala. Tampoco olvidaré en mucho tiempo (en este caso, quizá nunca), a los camareros del Bilbao que me sirven con su bordado nombre en la camisa.

La cocina de autor, en esta caso de Jordi Narro, frente a la oferta del carrer Perill, donde Pepe, Jordi, Joan o el omnipresente y humilde Pere, entre otros, aportan esa sensación de ‘dulce hogar’ que difícilmente tendré en este templo de la “powerful cuisine”. Aquí donde el té se sirve acompañado de una moderna tetera calentada al fuego de una tímida vela y un reloj de arena que calcula los dos minutos exactos para tomar la infusión a su óptima temperatura. (Léase esta última frase con atención, porque si verlo en directo no tiene desperdicio, imaginarlo puede superar la realidad, aunque parezca mentira.)

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