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abogada del estado (1ª parte)

No sabía nada de ella desde hacía más de un año y medio… hay tanta gente de la que no sé nada desde hace más de un año y medio…

– ¿Qué haces aquí?
– ¿Y tú?

Ya ves. Antes de terminar la carrera de periodismo se enroló en el ejército de las togas por aquello de ‘tener algo más’. Algo habitual. En realidad sales de la facultad con la extraña sensación de haber perdido el tiempo. Salvaremos las clases de Veiga, las de Jonqueres,… minoría en una secta donde unos te meten una pistola en la sien para comprar su libro o en el peor de lo casos, te conviertes en el negro de un supuesto gurú de la televisión, es la única forma de aprobar. Está también el que micrófono en mano te hace odiar la comunicación de finales del XVIII, el que te pone un excelente por tu cara bonita (todo un hito en las teorías sobre cómo motivar a los estudiantes…) Me olvido de otros pocos buenos y de otros muchos malos. Sólo un par de apuntes para un par de temas a los que todavía no les he encontrado sentido. Por un lado, el tipo que suspendió a una redactora de informativos con más futuro del que él nunca habrá tenido. Por el otro, la  tipa que suspendió el único trabajo de ‘Projectes i Gestió de l’Empresa Informativa’ que nació, creció y todavía continúa vivo.

Quería hablar de la abogada del estado, pero el timing aprieta. Así pues, habrá segunda parte.

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