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vecindario

18 diciembre 2007
por Óliver

De las pocas cosas que sostienen mi permanencia aquí desde hace más de cinco años, además de cuatro tipos que me aguantan y un alquiler muy económico, destaco mis visitas al vecindario. Detrás de cada puerta una nueva historia, o tal vez viejos conocidos algo olvidados. Es en casa de estos últimos donde me siento más seguro. La confianza puede llegar a dar asco, el asco que supone tener que esperar media hora para que te sirvan una coca-cola cuando eres un cliente habitual y ellos piensan: “¿Volverá, verdad? No hay que preocuparse”. Pero hablemos de la confianza que describe una sonrisa dibujada en el que te abre la puerta, te invita a pasar, con el que departes diez minutos, media hora, dos horas,… y junto al que terminas preparando la cena. Asqueroso lenguaje. Escribo en masculino cuando en realidad sólo recuerdo una sonrisa masculina y cientos de femeninas.

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