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la mujer que apareció detrás de mi puerta

Hoy he revisado mis antiguos emails de la cuenta de Yahoo! y he terminado salvando a dos textos de la quema. Son de hace algo más de un año y medio, con remitente femenina, la mujer que apareció detrás de mi puerta después de leer algunas de mis líneas pseudoliterarias.

De repente, te lanzarías a sus brazos. Cerrarías los ojos, y no volverías abrirlos nunca más. Lo entiendo. Las drogas tienen estas cosas. El problema llega cuando abusamos de ellas. A veces, cuando me pongo matemático, comienzo a calcular. Calculo porcentajes de tu corazón que no deberían caer en unas solas manos. Porcentajes de tus sentimientos que no deberían estar invertidos en la misma empresa. Un solo accionista no puede tener el control sobre ti. Pienso en la posibilidad de repartirme. De hacer una sociedad pluripersonal. Donde cada uno me aporta, me ofrece, me quita y me da. Pero nunca, nunca nadie puede acabar conmigo, ni con nosotros. Sin embargo, es bonito estar pendiente de una sola mano, dejarte llevar y olvidarte del abismo que puede esconderse detrás de la segunda esquina que cruces en dos minutos de carrera. Pero tiene demasiados riesgos… No sé. Un mala inversión puede perturbarte algo así como 24 horas de tu vida, un mal día de esos en los que no te puedes quitar una mala nota de la cabeza. Pero al día siguiente vuelves a ser tú.

Construimos el mejor palacio jamás visto. Nunca habías soñado que podría llegar a ser tan bello. Pero entonces, la tormenta lo destruye todo. Una naturaleza sin sentimientos que te arranca parte de ti. Tu corazón a pedacitos repartidos por la faz de la tierra.

De repente, recuerdas. Aquella vieja cabaña. Te parece tan tuya, tan personal, tan… ¡es tan fantástica! Quieres volver a ella, a ella… que sus paredes te abriguen y formes parte de ella una vez más.

Pero aquí tienes materia prima para volver a construir. Aunque te asfixia la idea de volver a pasar por lo mismo, ¿lo mismo? Nada es igual. Eres tú misma quien hace iguales a las cosas, las corta con los mismos patrones y viste a las estatuas con los mismos trajes. Construye. Disfruta haciéndolo. Quién sabe que palacio puede surgir. Prométete a ti misma que vas a conseguirlo. Las promesas hacia los demás nunca se cumplen. Son las nuestras propias las que tenemos que firmar y ejecutar.

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