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madrid (2ª parte)

Diez horas después de mi última conexión clandestina vuelvo a la calle. Termino en la Avenida Brasilia. En la sombra hace más frío del que pude soportar anoche pero necesito terminar temas pendientes que ya llevan mucho retraso. He vuelto a la calle porque lo del hotelito de cuatro estrellas a un paso del Tanatorio; a dos de la Mezquina y a cinco de las Ventas es vergonzoso. Un hora de Internet = 6 euros. No. No estamos en un destino de sol y playa metidos en un garito en primera línea del mar. Novotel Puente de la Paz. El recepcionista te informa de las tarifas con la ingenuidad de aquel que desconoce la barbaridad que acaba de decir. Respuesta políticamente correcta: “Lo tendré en cuenta”, mientras pienso, “lo tendré en cuenta para no volver nunca más”.

Minutos antes de cerrar el embarque la actriz aparece detrás de la cortina de Business Class. Busca su asiento de ventanilla y hace una última llamada. Esto es el Puente Aéreo, mezcla de lo ejecutivo y lo mediático.

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